El sonido del alma

sonido del almaPor José Antonio Cordero.-

“Cantar es un placer y tiene un efecto más personal que público. Cada vez que elevamos la voz, la palabra elevada adquiere mayor fuerza. Cantar es la mejor forma de duplicar los efectos de las palabras. La fuerza que contenga una frase es duplicada a través del canto.

Cada palabra tiene dos cualidades, sonido y significado. Las palabras se distinguen a nivel auditivo por sus sonidos, después está el intelecto que reconoce diferentes significados, aunque diferentes intelectos pueden concebir diferentes comprensiones para una misma palabra. El calado final o compresión exacta de una palabra se capta desde un estado profundo de conciencia.

El lenguaje no viene por repeticiones antiguas, por diálogos ancestrales, ni viene de antiguos textos, sus leyes gramaticales no vienen por antiguos libros de textos, el lenguaje viene de la conciencia, por esta razón una misma palabra puede ser entendida de diferentes formas como diferentes sean los niveles de conciencia.

En la memoria se graban los diferentes sonidos aprendidos y a esos sonidos se le dio un significado, pero la interpretación o comprensión de las palabras pertenecen al campo de la conciencia, no a la capacidad de registros mentales o memorización.

La cualidad vibratoria o sonido específico de cada palabra pasa a través del oído y luego reverbera en la fisiología, es más, la cualidad vibratoria de cada palabra no es necesario escucharla para que afecte no solo a la fisiología, sino también al medio ambiente, a las plantas, y a cualquier esquina del hogar; el efecto de la palabra llega a millones de kilómetros. Si la frase es de pura conciencia el efecto positivo llegará a su destinatario.

Las cosas que se dicen tienen su efecto, buenas palabras producen buenos resultados y las negativas tienen un efecto destructivo o enfermizo tanto en la persona que escucha como en el hogar donde vibra. La palabra no para de viajar porque todo sonido es una onda vibratoria que tiene efecto incluso donde ya no se escucha. Por esta razón es muy importante saber seleccionar las conversaciones que se hacen. Las críticas no son recomendables por el efecto cansino y pesado que producen en el ambiente tanto como en el que critica; el hogar se carga cuando las conversaciones no son adecuadas, y peor aun cuando se discute sin control.

Saber hablar es de máxima importancia porque cada palabra emitida tiene su efecto específico, pero la fuerza del lenguaje está en las frases, la conjunción de las palabras es más que la suma de cada una de sus palabras. Saber conjugar es un arte propio de la conciencia. La capacidad creadora de la conciencia viene a través del arte de conjugar, de exponer. La conciencia es el arquitecto, las palabras son los moldes arquitectónicos, sus diferentes formas dan diferentes conjunciones, la belleza del conjunto es la frase bella.

Pasar por casas con el mismo molde es aburrido, igualmente son aburridas las conversaciones repetitivas, carentes de chispa, del toque personal que marca la conciencia individual. El loro realmente no sabe lo que dice, aunque lo asocie con cosas o hechos, pero el arte del lenguaje no es asociativo, ha de ser expresivo, ha de mostrar y de hecho muestra el nivel de conciencia del que habla. El cotorreo es repetitivo, asociativo, carece de profundidad aunque se intente filosofar aburre, porque para filosofar se necesita el Hilo que Ama (filo) la Sabiduría y que conduce a niveles profundos de conciencia.

Las reuniones son aburridas cuando no existe un intercambio de lenguaje. Unos se conforman con charlar de lo ocurrido a otras personas o hablar de las botas de oros del fútbol, y hay quienes tienen un pico de oro criticando a otros. Las reuniones son para divertirse, para pasarlo bien, por tanto no necesitan ser siempre clases de filosofía para descubrir entramados de conocimiento profundos, porque la presencia y la buena actitud y predisposición en la reunión habla por sí sola. Las buenas conversaciones salen solas, una chispita de cualquier tema puede llevar a un profundo debate, según los contertulios, como un principio de una profunda conversación puede terminar en tonterías o divagaciones según el ambiente colectivo.

En cualquier caso conviene seleccionar tanto el tipo de reunión como las conversaciones que se tengan porque en cada palabra o sonido está contenida la cualidad de la palabra, su fuerza y su efecto. La capacidad de conjunción de las palabras, formando frases, afecta al conjunto de las personas que escuchan, pero cada una interpretará de acuerdo a su nivel de conciencia. Unas se pueden enriquecer tanto como el que habla, y otros pueden aburrirse de la misma conversación, porque no se capta.

Cuando existe menosprecio al que no entiende una conversación es porque el que habla repite conceptos, aunque sean profundos, es porque la persona que habla no lo hace desde el nivel del FILO (hilo de Amor) de la SOFIA (Sabiduría). La persona que realmente está filosofando no menosprecia, ni descalifica a nadie, habla desde el hilo del amor que nos une al conocimiento profundo de la vida. Amar la filosofía no es leer apasionadamente muchos libros y después opinar. La cualidad de conectar con la sabiduría viene como consecuencia de la conexión de la conciencia con el conocimiento. Conciencia y conocimiento está unido por el Hilo del Amor porque no hay mayor placer que comprender, no hay mayor felicidad que captar lo profundo. Ese Hilo es el que capta, es cautivado por el conocimiento puro y no hay mayor dicha que captar la vida en su estado puro.

Cada Alma tiene su propio Sonido, cada alma capta diferentes secuencias de la vida y las expresa con sus palabras, construye sus frases, construye su mundo. El mundo se hace cada vez más grande y más bonito cuando se sabe captar al Alma que tenemos enfrente.

Cada alma tiene su sonido característico, crea el cuerpo físico y cada cuerpo tiene su propio sonido, como cada uno tiene su propia voz, que tanto difiere de unos a otros.”

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